Iurhi Peña

On Screen Subjectivity: Mind Borders, it’s real life consequences and all you don’t care to know about Mexicans

digital drawings, Mexico City, 2021

 

1.

Rocky Balboa destroys Ivan Drago in the ring and capitalism triumphs all over the world.

It's some year in the nineties at my uncles' house, where we accompany that tres leches cake with a glass of Coca-Cola to celebrate someone's birthday with the whole family. Rocky's Spanish voice from the TV fills the room and adds to the celebration.

I was not the target audience for these films, but I grew up introjecting the messages of competence and individuality that shape the young American population to stand up to non-Americans and proclaim without hesitation: continent) is the best country on earth”.

It always seemed unusual to me that they believed that imperialist discourse because in Mexico it is difficult to trust The Homeland when eternal inequality reminds us every day that official discourses of pride never correspond to reality. This is not the case here.

2.

Soap operas tell Mexican women that a rich ranch-owning boyfriend will save us from poverty if we show servility and focus on being beautiful and charismatic like Latin singers. Most of them have voluminous bleached blonde hair that doesn't look like the women I know; I think they want to look more like American stars.

In fact, nothing in my life resembles what happens on TV. Time passes and my childhood in a chilanga housing unit that rises up in the periphery as a remnant of state projects for the welfare of the working class is not like the beautiful house of Kevin McCallister, who also has a large family like mine, only that blonde and with blue eyes like I have never seen anyone.

I begin to understand that my reality is different, but when I close my eyes and imagine my future, I only see the line of skyscrapers in New York and a New Year's Eve party in a luxurious apartment.

That dream is not mine.

3.

Sitting in a pesero, I watch another gringo series like so many more I have seen, downloaded illegally on my cell phone, about young white adults who achieve their dreams in the big city and with whom I identify. I come to my house in my ugly neighborhood to eat delicious stews that my mother made. In the series they make a joke about how Taco Bell gave them explosive diarrhea. I do not think it's funny.

I am a teenager in the 21st century and I read a lot of fashion blogs, I watch indie series and movies because I am an artistic girl. In these series it is no longer politically correct to laugh at the people of Mexico, but sometimes when they say “a mexican”, a derogatory connotation is heard.

"America is the best country on earth," they say, while wearing clothes of their own flag because being a gringo is still the best; at that time I saw in a documentary that the Minutemen hunt migrants on the border with their rifles as if they were animals to prevent them from accessing a better life.

4.

Today, the part of my family that went to the United States lives in a community of Mexicans who do not associate with white people. The space they can occupy is limited, language is a barrier, and culture is too. It doesn't matter how many American movies they've seen.

The white people who now come to my big city don't talk to the people here either, they expect to be served in English. I have seen videos on the internet of white people yelling at Mexican-Americans that English is spoken there and that if they are not willing to learn it they should go to their country of origin.

On our phone screens we see the empire shake by its own contradictions. It is easier to see that their narrative about “justice” and the “freedom” of their inhabitants are not real. Their houses do not resemble Mi Pobre Angelito's either.

USA seems to me more like an Ivan Drago than a Rocky Balboa.

The story built by their media about what they supposedly “are” and what we supposedly “are” is diluted in memes translated into Spanish, fake news and digital piracy. Snoop Dogg makes a song with Banda MS.

The racist roots of the new tourist colonization of this country survives; even so, every day gaps are opened that allow us to look at the other side carefully because the immediate communication that they implanted throughout the world corrodes their own hegemonic story.

It is a good time to doubt what they have told me and everything I believed them.

 

1.

Rocky Balboa destruye a Ivan Drago en el ring y el capitalismo triunfa en todo el mundo.

Es algún año de la década de los noventa en casa de mis tíos, donde acompañamos ese pastel de tres leches con un vaso de cocacola para celebrar con toda la familia el cumpleaños de alguien. La voz en español de Rocky proveniente de la tele inunda la sala y se suma a la celebración.

No fui el target audience de esas cintas pero crecí introyectando los mensajes de competencia e individualidad que moldean a la población joven estadounidense para plantarse frente a los no americanos y proclamar sin dudas: “América (que se nombra a sí misma como si fuera todo el continente) es el mejor país de la tierra”.

Siempre me pareció insólito que se creyeran ese discurso imperialista porque en México es difícil confiar en La Patria cuando la eterna desigualdad nos recuerda cada día que los discursos oficialistas de orgullo nunca corresponden con la realidad. Aquí no es así.

2.

Las telenovelas nos dicen a las mujeres mexicanas que un novio rico dueño de un rancho nos salvará de la pobreza si mostramos servilismo y nos concentramos en ser hermosas y carismáticas como las cantantes de música latina. La mayoría de ellas tienen cabellos rubios voluminosos decolorados que no se parecen al de las mujeres que conozco, creo que desean verse como más como las estrellas estadounidenses.

De hecho, nada en mi vida se parece a lo que pasan en la tele. El tiempo pasa y mi niñez en una unidad habitacional chilanga que se levanta en la periferia como un rezago de proyectos estatales para el bienestar de la clase obrera no es como la hermosa casa de Kevin McCallister, que también tiene una familia grande como la mía, solo que rubia y con ojos azules como nunca he visto a nadie.

Comienzo a entender que mi realidad es diferente, pero cuando cierro los ojos e imagino mi futuro, sólo veo la línea de rascacielos en Nueva York y una fiesta de fin de año en un lujoso departamento.

Ese sueño no es mío.

3.

Sentada en un pesero, veo otra serie gringa como tantas más que he visto, descargada ilegalmente en mi celular, sobre jóvenes adultos blancos que logran sus sueños en la gran ciudad y con los que me identifico. Llego a mi casa en mi colonia fea a comer guisados ricos que hizo mi mamá. En la serie hacen un chiste de cómo Taco Bell les provocó diarrea explosiva. No me parece gracioso.

Soy adolescente en el siglo XXI y leo muchos blogs de moda, veo series y películas indie porque soy una chica artística. En esas series ya no es políticamente correcto reírse de la gente de México, pero a veces cuando dicen “a mexican”, se escucha una connotación despectiva.

“América es el mejor país de la tierra” dicen, mientras usan ropa de su propia bandera porque ser gringo no deja de ser lo máximo; en ese tiempo vi en un documental que los Minutemen cazan migrantes en la frontera con sus rifles como si fueran animales para evitar que accedan a una vida mejor.

4.

Hoy, la parte de mi familia que se fue a Estados Unidos vive en una comunidad de mexicanos que no se relacionan con white people. El espacio que pueden ocupar es limitado, el lenguaje es una barrera, y la cultura también. No importa cuántas películas estadounidenses hayan visto.

La white people que ahora viene a mi gran ciudad tampoco habla con la gente de aquí, esperan ser servidos en inglés. He visto videos en internet de blancos que les gritan a los mexicanos-americanos que allá se habla inglés y que si no están dispuestos a aprenderlo deberán largarse a su país de origen.

En las pantallas de nuestros teléfonos vemos al imperio sacudirse por sus propias contradicciones. Es más fácil ver que su narrativa sobre la “justicia” y la “libertad” de sus habitantes no son reales. Sus casas tampoco se parecen a la de Mi Pobre Angelito.

EUA me parece más un Ivan Drago que un Rocky Balboa.

La historia construida por sus medios de comunicación sobre lo que supuestamente “son” y lo que supuestamente “somos” se diluye en memes traducidos al español, fake news y piratería digital. Snoop Dogg hace una canción con Banda MS.

La raíz racista de la nueva colonización turística de este país pervive; aun así, cada día se abren brechas que permiten mirar al otro lado con detenimiento porque la comunicación inmediata que implantaron en todo el mundo corroe su propio relato hegemónico.

Es un buen momento para dudar de lo que me han dicho y de todo lo que les creí.

Iurhi Peña

 

All images are courtesy of the artist.

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